Las disculpas del caso para los personajes, lectores y colaboradores. Acá retomo la historia para los que se quedaron a medias. Salud a Pablo que es el que más la disfruta. Je!
Un pequeño prendedor en forma de nenúfar en el pelo, brillitos de luciérnagas que se trajo en el bolsillo desde su tierra, una sonrisa plena y una mirada limpia, inmaculada. Dio dos golpes secos a la puerta de la casa del cocotero. El Buscador salió en chinelas. La miró, y anotó ciertas coordenadas en su GPS. Cerró la puerta, consultó un libro de probabilidades y volvió a salir. Abrió la puerta y la Niña pestañeó tres veces. Él, dos. Ambos sonrieron.
-Dicen que usted es el que mejor conoce el pueblo, que lo camina todos los días, las noches, las tardes y las madrugadas… ¿podría aconsejarme un buen lugar para pasar la noche?
-Sólo le puedo ofrecer mi casa, que está hecha de palmas de coco y tiene las paredes pintadas de poemas.
El Buscador no se percató que era una niña, sólo vio en ella a una preciosa Succionadora de Relatos con toques de Embajadora del Placer. Y actuó en consecuencia.
- Le estaría muy agradecida, no se preocupe usted por las palmas de coco, sólo necesitaría un poco de frappé de maracuyá si no es mucha molestia.
- Entonces sería muy conveniente darse una vueltita por “La Yunta Brava”… allí sirven todo tipo de brevajes para el cuerpo y el alma.
La Niña se acomoda el pelo, hace un gesto de aceptación y continua el diálogo.
- Mi gente se quedó allí, justamente venimos preguntando desde ayer por el frappé, nos dijeron que si conseguíamos el maracuyá con gusto lo preparaban, que como en este pueblo nadie lo pedía, los árboles terminaron por secarse.
El Buscador levantó ambas cejas dando una forma muy peculiar a sus arcos superciliares característica que de manera extraña engolosinó a la Niña desde ese día hasta el final.
- A falta de maracuyá, buena es la leche de Ambaibo macho.
La comodidad de aquella compañía resultó exquisita. La Niña resolvió en un instante que la presencia del mago y Sithienne en el pueblo, era innecesaria. Ahora que encontró un lugar donde quedarse, emprendería su crecimiento sola.
La Yunta Brava tenía esa noche una multitudinaria algarabía. Era el festejo de no sé quién en un no sé qué. Habían pantallas gigantes, música al vivo y claro! Lehe de ambaibo macho a baldadas. El mago estaba enfrascado en una charla filosófica con el barman, quien muy atento le respondía todo el tiempo Ajá, ajá, ajá… mientras miraba la entrada de su bar, al mismo tiempo que la salida. Sithienne era asediado por un grupo de embajadoras del placer (tomando la nomenclatura del Buscador) y curiosamente tenía la misma expresión de auxilio del día anterior cuando el calor lo estaba derritiendo en vida.
La Niña y el Buscador se establecieron a un costado del escenario. Intercambiaron impresiones, indiferencias, vistazos, sonrisas y vayamos a saber que más que no haya sido perceptible. Que aunque no lo sepamos, podríamos suponerlo; pero no hoy.